lunes, 10 de octubre de 2016

A ti escuela telecentro

Gracias a ti, fragua airosa,
donde forjas tantos sueños.
Eres fuente, luz fogosa,
para grandes y pequeños.

Eres madre cariñosa.
El jardín, para esas flores,
que, en tu pradera frondosa,
te aroman con sus olores.

En tu mesa sirves pan,
alimento de tus hijos.
En ti, gentes nacerán.
Resuelve sus entresijos.

Has guiado mis propios pasos
y tú los seguirás guiando.
Sé mi río, en tus remansos
la paz, yo, vaya encontrando.

¡Cuántas veces en mi vida,
cuando me respetó el mal,
la victoria conseguida
fue tu triunfo personal!

A tus hijos con esmero
vas señalando el camino,
para emprender el sendero
que los lleva a su destino.

Cada cual se va marcando
las rutas inmemorables
que tú les vas señalando
y, al fin, ser hombres notables.

En tus pupitres, pantallas,
cultura infundes al mundo.
¿Ganarás tú sus batallas?
¡Sólo tú, tu amor profundo!

Es la euforia del momento.
Técnica de ordenador.
El nuevo conocimiento
y de Grado Superior.

¿En Colunga llegó tarde
o en realidad, no cuajó?
Hagamos un punto y aparte:
¡tarde o temprano, llegó!

En tus Talleres Escuela
impartes las enseñanzas.
Frutos que dejan secuela
de tan grandes esperanzas.

En ti, todos tus alumnos
comienzan a conocer
esa vida de otros mundos
y colmarse de placer.

Acogido en tu regazo
llegué a controlar los tiempos:
Hoy me toca este retazo.
Mañana conocimientos.

La Historia, fundamental,
¡qué tema tan añorado!
Arrastraré ese gran mal
hasta en la fosa enterrado.

Metido en tus laberintos
me pierdo y busco salida
y hasta esos mismos precintos…
pasto de luz, enseguida.

Esto lleva días, meses,
años y años sin parar,
mas tú, siempre y muchas veces,
presente en nuestro mamar.

Eres Madre Protectora,
eres la Neña soñada.
Somos la grey que te adora:
por ser la perla añorada.

No quiero decir adiós.
Si, gracias a tanta gente,
que levantaron su voz
y a ti te hicieron patente.

Fueron esos adalides
camino de la montaña
y la escalaron felices
al final de la campaña.

De Reina te coronaron
quienes llegaron en vez.
Tus maravillas contaron,
tus grandezas, alma y fe.

No me quisiera morir
sin yo grabar en mi mente
tu nombre a fuego y decir…
esté donde esté: PRESENTE

¿Cómo no? resaltar
a TANIA, tu profesora.
¿Algo en su forma de actuar
que te entristezca, Señora?

Control serio, constructivo
y con la sonrisa al cliente
cuando surge algún motivo,
la verdad del que es valiente.

Alienta a todos con gana.
Si un error salta a la vista…
Es cual flor de mejorana
o la voz de una corista.

Nadie le encuentra un defecto.
Todos la miran con gracia.
Si le vas con un proyecto,
te da la respuesta sabia.

Conoce como ninguno
su tarea y cometido.
Tan sólo un error… ¿sólo uno?
Los tuyos, ¿cuántos han sido?

Cuántas veces, tú, dijiste:
¿Mira que hacerme esto a mí?
¡Nunca en tu vida lo hiciste!
Eso no partió de ti.

Trabajas con ilusión.
Escuchas a quién te llama.
Le entregas tu corazón.
Le das calor con su llama.

Eres fuente del saber
y a todos quieres llevar
ese dulce amanecer
de vida y de bienestar.

Tus palabras, enseñanzas,
nos libran de los atascos.
Son esas puras bonanzas
que sacan al sol tus rasgos.

¡Cuántos, cuántos compañeros,
se encontraron en su vida,
que, siguiendo tus senderos,
alcanzan la paz perdida!

Una, dos veces y más,
al frente, el ordenador.
Nunca miréis para atrás.
¿Habrá pantalla mejor?

Señor Alcalde, una perla,
como ésta ¿Usted encontró?
Que no nos toque perderla.
Trato que no mereció.

Usted y los que le sigan
son sus propios valedores.
Los que a la misma persigan…
¿No habrá un día vengadores?

Gracias por tantos esfuerzos…
que tuvo usted con nosotros.
Señor Alcalde, refuerzos…
como los suyos, no hubo otros.

Con esta tampoco adiós;
sí, hasta pronto, compañeros.
Mi, fuerza viene de vos,
pues sois mis propios luceros.

César Carús Arnáiz




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